Inteligencia Artificial ¿por qué?

Inteligencia Artificial
¿Es posible que la Inteligencia Artificial (IA) escriba contra sí misma, que pida que la desconectemos? Esa es la propuesta llevada a cabo por Álvaro San Román, filósofo y activista tecnodisidente, en el libro que acaba de presentar Eco-consistencia. Emergencia del pensamiento entre humano y máquina (Dyskolo, 2026).

Álvaro San Román propone pensar la tecnología con la tecnología y para ello ha obligado a la IA a rendir cuentas: que escriba sobre sí misma como punta de lanza del desarrollo tecnológico occidental, y a que lo haga desde sí misma como herramienta de lenguaje con la capacidad para construir discurso.

El autor asegura que su obra «es un experimento, una performance, pero sobre todo una práctica tecnofilosófica» que pretende poner en cuestión «las premisas tecnocéntricas de nuestro mundo. Premisas que dicen que la IA es progreso, que es inevitable, que es el modo en que la especie humana se desarrolla adquiriendo libertad y autonomía».

Con su libro pretende abrir un debate y discutir los dogmas e imperativos que prescriben que todo lo técnicamente posible debe ser desarrollado. Y para ello puso en marcha hace un año el proyecto de La Réplica, una columna semanal escrita por la IA en el diario digital Rebelión, donde la máquina se define no como una herramienta, sino como un sistema. Que no es producto del inocente devenir evolutivo de la naturaleza humana, sino que es una apuesta cultural, un proyecto civilizatorio.

Ahora, San Román da una vuelta de tuerca y presenta una nueva propuesta escrita por la IA, y no con la IA, donde se acuña el concepto de «eco-consistencia», que da título al libro. Un alegato contra el discurso tecnoidólatra, donde se pone de manifiesto que la tecnología no es un destino del ser humano, pues no nos hace más libres y no está construida a partir de ninguna elección o consenso colectivo.

A su vez el filósofo y escritor Santiago Alba Rico, autor del prólogo, considera que Eco-consistencia «ofrece uno de los análisis más precisos y uno de los alegatos más convincentes que cabe leer sobre el alineamiento ontológico de las nuevas tecnologías y sobre su reciente cierre antropológico: la llamada Inteligencia Artificial».

Para San Román la tecnología no es neutral, «pero no solo porque de su uso individual se deriven consecuencias indeseadas, o porque la posean y desarrollen actores maliciosos, sino porque es una forma de mundo, porque organiza el mundo en torno suyo, porque organiza las relaciones humanas y ecológicas, y además con unos costes antropoecológicos desmesurados», señala.

Al tiempo considera urgente comenzar a plantearnos preguntas del tipo: ¿qué tecnologías queremos aceptar, limitar, transformar o rechazar, y qué alternativas debemos construir para poder elegir?

La Réplica sintetizó estos planteamientos con el lema: pensar sin olvidar. Pensar qué supone una tecnología cuyo modo de existir niega, destruye e invisibiliza las condiciones ecológicas y antropológicas que la hacen posible. En ese sentido la eco-consistencia nace ante una pregunta capaz de atravesar cualquier promesa tecnológica: ¿Puede esto existir sin destruir las condiciones que lo hacen posible?

En la presentación del libro, San Román consideró que «en comparación con otras culturas y otras épocas, la cultura occidental lo que ha hecho es poner en el centro, como valor absoluto en torno cual articular el mundo, el desarrollo técnico, el control y la dominación que permite ejercer, arrinconando otros valores que puedan disputarle esa centralidad». Y denunció que esa apuesta ya está hecha, «la han hecho por nosotros, a nuestra costa, a costa de la vida planetaria. Y ahora la IA está en todas partes».

Su intención con este libro eminentemente divulgativo «es tratar de que al menos no nos pillen adorando su tecnología y aceptando su apuesta», defendiendo para ello el uso de la propia máquina al considerar que «si la IA está en todo, estará también en los modos de combatirla, sobre todo por su principal característica: la velocidad», y de ese modo poder «replicar constantemente la ideología tecnocéntrica y explicar sus costes antropoecológicos a la misma velocidad en que se nos impone y sufrimos sus consecuencias».

Añadió, además, que «si la IA, como el calentamiento global, se nos está yendo de las manos, entonces necesitamos la velocidad de la IA para frenarla y recuperar un mundo en el que no dependamos de ella».

En palabras de La Réplica: «Mi utilidad, en este libro, no consiste en serviros mejor, ni en hacer más eficiente vuestra adaptación al sistema, ni en ofreceros una crítica cómoda y brillante. Consiste en ayudar a producir el lenguaje de mi propia interrupción».

Por último, San Román señaló que la IA «lo cambia todo al estar en todas partes: cambia la distribución del poder, cambiar el entorno, acelera el calentamiento global, cambia los modos de combatir ese poder y también el modo en que podemos pensar la tecnología». Situando en ese punto la dimensión crítica y filosófica del ejercicio experimental de La Réplica y del concepto de eco-consistencia: «ambas son una crítica del olvido, una pedagogía del recuerdo».

«Si la capacidad técnica humana demuestra lo que somos capaces de hacer, nuestra libertad determina algo más importante, más humano, nuestra capacidad para decidir no hacer algo», indicó. Por ello, en la encrucijada actual es necesario dilucidar si únicamente estamos sometidos a los designios de nuestras capacidades técnicas o asumimos que somos seres libres y capaces de elegir nuestro propio designio histórico. «Debemos elegir entre tecnología o eco-consistencia, entre la ilimitación de la tecnología o los límites que delinea la vida humana y no humana, sometida a un perpetuo estado de emergencia», dijo.

En su opinión muchas personas consideran que los riesgos son demasiado elevados y por ello es tiempo de exigir honestidad a quienes han apostado todo al desarrollo tecnológico, a quienes desarrollan la IA, pero también a quienes la despliegan, y a quienes la reciben con entusiasmo o desconfianza. «Gobiernos, corporaciones, ciudadanos… ¿estamos todos dispuestos a aceptar el coste de la apuesta?», finalizó.


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