Javier Vilaplana Ruiz (Cabra, Córdoba, 1980) es Licenciado en Derecho y doctor en Filosofía, es investigador y profesor en la Universidad de Córdoba. Colabora habitualmente con diversos medios de comunicación y es autor de los libros La posverdad a juicio. Un caso sin resolver, Premio Catarata de Ensayo, y Leer lo correcto. El proceso como una de las bellas artes. Su próxima obra En el lugar de la utopía aparecerá en septiembre y será presentado en la Feria del Libro de Córdoba.
Podemos recordar, fácilmente, muchas utopías que parecían albergar un mundo mejor y que, sin embargo, terminaron empeorando el presente que pretendían transformar. Tampoco resulta difícil imaginar nuevos lugares inexistentes, acaso inalcanzables, en los que muchos de nuestros males dejarían de perseguirnos. Vivimos, pues, en una permanente tensión que mira tanto al pasado y su recuerdo como al futuro y sus promesas. Una tensión que se sitúa allí donde las viejas esperanzas no han terminado de morir y las nuevas aún no se han dibujado completamente. Una tierra de nadie que, como es sabido, es el terreno fértil para que emerjan los monstruos.
De qué hablamos cuando hablamos de utopía, se pregunta el jurista y doctor en Filosofía Javier Vilaplana Ruiz en su nuevo libro En el lugar de la utopía, poniendo en cuestión si la utopía es posible o, incluso —y sobre todo—, si la utopía es un lugar deseable para vivir. Este ensayo propone acercarse a la utopía desde una cierta mirada crítica, descartando las visiones que la consideran una mera fantasía ingenua o una estación final que termine con el devenir de la historia. Frente a ello, el autor entiende lo utópico como fuerza, como aspiración, como horizonte de esperanza o como ejercicio permanente de imaginación moral.
El libro parte de una constatación inquietante: el presente capitalista, tecnológico y acelerado se presenta a menudo como único mundo posible, clausurando la capacidad colectiva de pensar futuros distintos. Sin embargo, constata el autor, no solo es que otros mundos sean posibles, sino que, tal vez, otros modos de vida deban ser los que tratemos de buscar, conquistar y defender.
A través de una escritura híbrida, entre el ensayo filosófico, la reflexión ética, política o jurídica y la sensibilidad literaria, Vilaplana plantea un diálogo con autores y pensadoras que han sabido asomarse al abismo de la condición humana, sus miserias y sus aspiraciones. La utopía aparece así emparentada con la justicia, la poesía, la memoria, la razón práctica y, cómo no, la esperanza. El texto advierte, además, de los riesgos del pensamiento utópico más superficial o dogmático: su posible deriva autoritaria, su tenebroso reverso distópico o la tentación de reducirlo a mera mercancía cosmética y consuelo inofensivo. También alerta de su paradójico uso como estrategia de desactivación política.
El libro está estructurado en breves capítulos engarzados por un fino hilo rojo, tan poético como filosófico, que otorga la necesaria unidad a un texto que formalmente se presenta como un deliberado ejercicio estético de fragmentariedad, tan habitual en nuestro tiempo. En sus páginas, agrupadas en dos partes bien diferenciadas, se examina, en un primer momento, la relación de tensión entre utopía y distopía; y, en una segunda parte, se indaga en la relación entre utopía, derecho y política, entendidos como territorios donde aún es posible resistir, ensanchar derechos y mantener abierto el porvenir. En ese recorrido, la esperanza no se confunde con optimismo pasivo: es una espera activa, racional y colectiva, capaz de intervenir en la realidad sin negar sus límites.
En el lugar de la utopía es una invitación a pensar el futuro desde el presente, evitando lugares comunes, sin ingenuidad, pero también sin renuncia: el porvenir no como lugar perfecto al que llegar, sino como movimiento inacabado que impide aceptar el presente como destino.
Artículo publicado en el nº9 de Cuadernos Rebeldes.


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