El movimiento como forma de narrar: una relectura de La novela en el tranvía

En el vasto universo narrativo de Benito Pérez Galdós, algunas obras han quedado tradicionalmente relegadas a un segundo plano, consideradas ejercicios menores o piezas de transición. La novela en el tranvía ha sido, durante mucho tiempo, una de ellas. Sin embargo, en un trabajo elaborado por Douglass M. Rogers se invita a reconsiderarla desde una perspectiva mucho más rica y sugerente: como un laboratorio narrativo donde Galdós ensaya formas que anticipan la modernidad literaria.

 

Rogers que es un reconocido académico y especialista en literatura española del siglo XIX y destaca por sus estudios críticos sobre la obra de Benito Pérez Galdós considera que en esta breve novela el texto, lejos de ser un simple relato de tono fantástico, se construye sobre una tensión constante entre realidad e imaginación. Y subraya que esta dualidad no funciona como oposición, sino como un diálogo dinámico: la fantasía no evade lo real, sino que lo ilumina. El lector se ve así arrastrado a un espacio ambiguo donde nunca termina de resolverse si lo narrado pertenece al mundo exterior o a la mente del protagonista.

 

El elemento que articula esta compleja experiencia es, sorprendentemente, el movimiento. El tranvía —espacio cotidiano y moderno— no actúa únicamente como escenario, sino como auténtico motor narrativo. Su desplazamiento físico organiza el relato, pero también refleja el flujo mental del personaje, cuyos pensamientos oscilan entre la percepción y la invención. De este modo, el viaje urbano se convierte en metáfora del propio acto de narrar.

 

La novela en el tranvía no es un ejercicio juvenil de fantasía, sino más bien un intento complejo […] de mostrar el papel realista de la fantasía en la existencia humana. (Walter Oliver)

 

Otro de los aspectos más sugerentes del análisis es la relación entre tiempo y espacio. En lugar de presentarse como dimensiones separadas, ambos se entrelazan y se redefinen mutuamente a lo largo del trayecto. Esta concepción dinámica rompe con estructuras narrativas más rígidas y sitúa a Galdós en una línea sorprendentemente cercana a sensibilidades posteriores.

 

La lectura que propone Rogers no solo revaloriza La novela en el tranvía, sino que la sitúa en el centro de una reflexión más amplia sobre la narrativa galdosiana. En ella ya se perciben las estrategias que el autor desarrollará en sus grandes novelas: la atención a la experiencia urbana, la complejidad psicológica y, sobre todo, la capacidad de convertir lo cotidiano en un espacio de exploración estética.

 

En definitiva, Rogers considera que incluso las obras aparentemente menores pueden contener las claves de una revolución literaria silenciosa. Basta con subirse al tranvía y dejarse llevar.

 


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